Elmore Leonard’s 10 Rules of Writing
Libro: #27/48 (2021)
Título: Elmore Leonard’s 10 Rules of Writing
Autor: Elmore Leonard
Publicación: 2007
En resumen: El autor Elmore Leonard, reconocido por sus novelas de crimen e intriga salpicados de humor (“Get Shorty”) comparte sus diez reglas para escritores.
¿Por qué leí este libro?: Los escritores debemos aprender uno de los otros, en lugar de querer demostrarse que son talentos innatos. El talento puede serlo, pero el conocimiento no lo es. Se obtiene por experiencia, claro, pero ¿no debemos aprender de las experiencias de otros?
El contenido: El título ya lo indica. Les comparto las die reglas.
- Nunca comiences el libro con una descripción del clima
Esto es un cliché que indica novatada por el aspirante a escritor. Por eso “Snoopy” comenzaba escribiendo “It was a dark and stormy night”… y se bloqueaba.
- Evite los prólogos
Leonard indica que debemos ir directo a la historia. No comparto su punto de vista: un buen prólogo puede establecer el tono antes de que el lector se adentre en la novela. En “La Gran Novela Boricua”, usé el prólogo para establecer la historia de Puerto Rico según la Biblia, lo cual me ayudó a declarar que la historia sería irreverente, más me ayudó a establecer unos datos que más adelante serían relevantes. Para “Un buen pecado” y “La memoria del olvido”, no los necesité. Creo que lo importante es mantenerlo corto y relevante. Pero esto no es sobre mis reglas, sino las de Leonard Elmore.
- Nunca uses otro verbo que no sea “dijo” para llevar el diálogo.
Ejemplo:
-Te amo, pero me desesperas –dijo cuando la encontró.
Así que, las siguientes no son recomendadas, según este consejo:
-Te amo, pero me desesperas –disparó cuando la encontró.
-Te amo, pero me desesperas –susurró cuando la encontró.
-Te amo, pero me desesperas –maldijo cuando la encontró.
Todas tienen un efecto diferente a “dijo”. Quizás es que el español es un idioma más rico, o quizás me falta mucho por aprender.
- Nunca use un adverbio para modificar la palabra “dijo”.
No entiendo la repugnancia a los adverbios. Stephen King, en su libro “On Writing”, descarga varias páginas con repulsión a los adverbios, aunque lo reconoce como una manía personal. Al menos Leonard lo limita a “dijo”. O sea, que no se recomienda:
-Te amo, pero me desesperas –dijo súbitamente cuando la encontró.
-Te amo, pero me desesperas –dijo con alivio cuando la encontró.
-Te amo, pero me desesperas –dijo con enojo cuando la encontró.
O sea, si no uso palabras alternas a “dijo”, y ni siquiera puedo explicar la manera en que se dijo, ¿se gana o se pierde?
Lo que sí aplico es mantener los adverbios en un mínimo, pero solamente para evitar el uso constante de palabras que terminen en “mente” (como acaba de ocurrir en esta línea), pues suena repetitivo, y mete palabras largas en la lectura.
- Controla los puntos de exclamación
Totalmente de acuerdo. Suelo limitarlos a los diálogos (para minimizar el uso innecesario de “exclamó” o “gritó”). En lo personal, lo detesto en ensayos de humor, en que el autor lo añade a lo que quiere presentar como gracioso. Es como añadir la grabación de risas en un programa de comedia.
- Nunca use “Suddenly” ni “All hell broke loose”.
La primera se refiere a “de repente” o “de pronto”. La segunda es un cliché en inglés. Podemos limitarnos a no usar clichés en general.
- Use el diálogo localista de manera limitada.
Está muy bien para sazonar su obra, pero después si es muy abundante, se estará obligando a hacerlo por el resto del libro, y esto puede resultar limitante para usted y agotador para el lector.
- Evite descripciones detalladas de los personajes.
En esto estoy de acuerdo. Suelo recurrir a unas descripciones breves que ayuden a establecer el tipo de personaje (edad, nivel social, u otros si son relevantes a la narración). Por lo general, prefiero que el lector se imagine el personaje como lo perciba. El escritor no debe imponerse tanto.
- No entres en muchos detalles describiendo lugares o cosas.
Esto es muy común en la literatura clásica, porque no existían las cámaras o el cine. Hoy basta decir “una estatua romana”, y el lector puede verlo en su mente (de seguro, alguna estatua grande de color blanco) sin que haya que explicar mucho.
- Deja afuera las partes que los lectores suelen saltar.
Creo que esto es otra manera de explicar la 9 y la 10; y quizás la 2. Pero al explicar la 10, hace énfasis en evitar los párrafos muy largos.
¿Es bueno el libro?: Ya lo comenté en mi resumen: De acuerdo con algunas, otras no las comparto, pero todo está abierto a consideración.
Este libro lo ordené usado por Internet, y al recibirlo, lo leí –no exagero- en diez minutos. Las páginas son gruesas (como de cartulinas), incluye muchas ilustraciones, y las páginas con texto no se extienden de un párrafo. Resulta que esto fue un artículo de Elmore publicó en The New York Times en 2001, y después se preparó como un libro para regalar.


