«Es un mundo loco, loco, loco, loco», el cine, y yo…
CINE / CRÍTICA
ALEXIS SEBASTIÁN MÉNDEZ
It’s a Mad, Mad, Mad, Mad World
Protagonistas: Spencer Tracy, Milton Berle, Mickey Rooney, Sid Caesar, Ethel Merman, Buddy Hackett, Jonathan Winters, Dick Shawn, y muchos más…
Director: Stanley Kramer
Año: 1963
Advertencia: Incluye “spoilers”…
De qué trata: Un grupo de desconocidos coinciden cuando intentan socorrer a un hombre que ha sufrido un accidente. El moribundo les confiesa el lugar donde ha mantenido oculto, durante 15 años, un botín de $350 mil. Incapaces en ponerse de acuerdo sobre cómo dividir la fortuna, los conductores deciden competir: Quién lo encuentre primero, se queda con todo el dinero. Lo que continúa es una hilera de desastres.
Opinión: Antes, debo ofrecer un poco de trasfondo, para que entendamos la selección de esta película para reseña.
“It’s a Mad, Mad, Mad, Mad World” estrenó en 1963, y fue un éxito tan descomunal, que volvió a los cines a comienzo de los 70. Fue entonces que la vi en el Cine Roosevelt, cuando tenía unos cinco años, y me causó un impacto -y fascinación- tan grande, que desde entonces el cine se convirtió en mi “hobby” por excelencia. Tanto así, que mi carrera de escritor comenzó como crítico de cine.
Dicho esto, el filme tiene un espacio especial en mi vida. Como manera de honrarla, y mantenerla como parte presente en mi existencia, me impuse la tradición de volverla a ver cada dos o tres años. No tengo cifra, pero debo haber visto el filme cerca de 20 veces, lo cual no es una hazaña menor, si consideramos que el filme dura casi 3 horas.
Esto nos pone en contexto sobre mi asociación con el filme, pues no es lo mismo apreciar con el ojo crítico cuando se mete el ojo emocional. Ahora debemos poner en contexto la película.
Se trata de la comedia más grande de todos los tiempos. Con la llegada de la televisión en los 50, el cine decidió ofrecer, a cambio, espectáculos épicos. De aquí la llegada de pantallas Cinerama, y los filmes colosales con cuentos bíblicos o batallas históricas. El género de la comedia no recibía este trato, casi por diseño: las comedias suelen ser de corta duración y bajo presupuesto. Stanley Kramer, quien hasta entonces era reconocido por sus cargados dramas, decidió hacer un filme cómico de tratamiento épico.
El resultado fue “It’s a Mad, Mad, Mad, Mad World”, un filme con una premisa bastante simple. Ocho desconocidos se enteran de la localización de una fortuna escondida. Comienza una carrera por llegar primero, y según avanza la frenética cacería, el grupo de interesados crece a casi el doble. El jefe de la policía está pendiente, pero pide no intervenir (esto justifica que no haya arrestos, a pesar de los excesos de velocidad y destrucción a la propiedad), ya que su plan es dejarlos encontrar el dinero, para entonces confiscarlo y escapar.
Recordemos que la intención era hacer un filme visualmente épico. Por esto hay decenas de comediantes de la época en escenas cortas (Jerry Lewis participa unos segundos, solo para aplastar un sombrero que ha caído en la carretera; los Tres Chiflados aparecen como bomberos), pero el efecto ya se perdió, pues muchos no reconocerán ya a estos artistas (como el mejor “cameo”, que pertenece a Jack Benny). Así mismo, el humor es “slapstick” llevado a los extremos. Este tipo de humor se refiere a actividades físicas exageradas, muchas envolviendo violencia. Este tipo de humor pasó de moda hace mucho, quedando limitado a los muñequitos.
Esto debe explicar parte de mi fascinación con el filme, pues siendo un niño, esto era el humor que podía entender con facilidad. “It’s a Mad, Mad, Mad, Mad World” tiene peleas físicas (una tan grande, que termina con la destrucción completa de una gasolinera), un avión que aterriza contra un restaurante, estantes de pinturas derrumbados, carros volcados (incluyendo uno arrastrado por el río), un incendio en una ferretería, y un gran desastre final envolviendo una escalera de bomberos, que debe ser unos de los grandes desenlaces cómicos en la historia del cine, si es que le gusta el “slapstick”.
Según he ido estudiando el filme, resulta que existen otros que, como yo, le mantienen un puesto especial (hay hasta páginas dedicadas a encontrar las localizaciones de filmación). Ahora, este culto pertenece a “boomers”, y cuando leo de alguien joven que la adora, es porque recuerda lo mucho que la disfrutaba con su padre. En fin, “It’s a Mad, Mad, Mad, Mad World” no sobrevive por ser una gran comedia, sino por alguna asociación emocional con la película.
Esta semana volví a verla y, de pronto, sospeché que fue mi última vez. He pensado en las razones para esto. Una es que, mi amor por el cine, no es el mismo que en el pasado. Ya los filmes no parecen interesados en cautivarte con historias, sino con efectos (yo sé, no es una queja original, ni siquiera nueva, pero esto se ha seguido agravando). El cine es -como lo es el teatro, la literatura, o las series- otro medio narrativo, pero siento que ha perdido su posición especial. Así que vi el filme sin esa atadura de viejo amor.
Esto me permitió reconocer defectos que, quizás ya había notado, pero le restaba importancia. Algunos personajes no están bien definidos (por ejemplo, Phil Silvers representa a una sabandija traicionera, pero se desvía para ayudar a un hombre que debe llevar una medicina a su esposa; esto es “out of character”, y la situación es traída por los pelos), muchos diálogos son latosos y sin gracia (el intercambio de insultos entre el gringo y el británico nunca tuvo chispa), y las escenas en la estación de policía son demasiado extensas, afectando el ritmo.
Esto no significa que el filme carezca de grandes méritos. Primero, creo que, aunque no se reconoce como tal, es una comedia negra inteligente: el filme comienza con una muerte (quien fallece, patea -literalmente- un cubo, rindiendo tributo a la expresión “kicked the bucket”) y termina con un desenlace doloroso para casi todos sus personajes. El elenco está formidable. La música “circense” de Ernest Gold es excelente acompañamiento para la acción.
Más que nada, se puede apreciar lo más que extraño del cine: Que el desenlace sea consecuencia de las acciones de los personajes, y no resultado de mercadeo. Tomen “Rat Race”, un filme contemporáneo, muy parecido en temática. A pesar de todas sus virtudes cómicas, el desenlace es empujado para “final feliz” que tanto gusta al público, y la cinta termina con un charco enorme, en un concierto para recaudar fondos. En “It’s a Mad, Mad, Mad, Mad World”, la conducta de los personajes va degenerando de una manera escalonada según progresa el filme, sacando lo peor de ellos, hasta llevarlos a su conclusión lógica, guste o no: Todos pagan por su avaricia.
En resumen: Fue un filme comiquísimo cuando lo vi siendo niño. Yo era otro, el mundo era otro, el cine era otro. Más que nada: el humor era otro. Pero, me di cuenta, que al igual que decidí hacer con los muñequitos de “Los Picapiedras”, hay recuerdos tan buenos que es mejor dejarlos así, y no exponerlos a nuestras nuevas sensibilidades y sentido de humor.
Aún así, creo que sigue siendo una gran comedia. Puede entenderlo cuando, la última escena del filme, contiene a alguien resbalándose en una cáscara de guineo, acompañada de la carcajada más épica que recuerdo en la historia del cine. Pero me despido ya de ti, “It’s a Mad, Mad, Mad, Mad World”: Gracias por enamorarme del cine.
Alexis Sebastián Méndez ©
3 de febrero de 2022


Saludos Alexis,
También para mi esta película es especial. Era una de las favoritas de mi papa. Fue de las primeras películas que alquilamos en VHS; me parece que fue en el video club de Ernesto Ruiz en Plaza Carolina. Nunca la vi en el cine, era muy pequeño a principios de los 70. Lo mejor es que esta en YouTube de gratis.
Gracias por escribir y compartir,
Armando
Me gustaMe gusta