Jaws 2: Reevaluando una secuela innecesaria

Jaws 2

Protagonistas: Roy Scheider, Lorraine Gary, Murray Hamilton

Director: Jeannot Szwarc

Año: 1978

De qué trata: Tres años después de los sucesos de “Jaws”, otro colosal tiburón blanco vuelve a aterrorizar en las playas de la comunidad de “Amity”. De nuevo, “Brody” se enfrenta a la incredulidad de las autoridades, y ahora debe rescatar a un grupo de adolescentes que se encuentra a la deriva en el mar, rodeados por la bestia asesina.

Opinión: ¿Por qué volver a ver esta película, después de sobre 40 años sin cruzármela? Quizás me dura el buen sabor de haber repetido “Jaws” en sala gigante hace un par de años, o puede que la nostalgia me esté arrastrando a revisitar filmes de mi juventud. Pienso que es una curiosidad latente: Este filme siempre ha tenido mala reputación, y mi recuerdo es que la disfruté durante su estreno, a pesar del repudio (en crítica y reacción del público, no en recaudos) que la cinta sufrió. Por mucho tiempo, he deseado reevaluarla.

Un poco sobre la producción: De los tres personajes principales, solo regresa “Brody”, interpretado por Roy Schneider. El personaje de “Hooper” quedó fuera cuando el actor Richard Dreyfuss, al conocer que Steven Spielberg no dirigiría la secuela, rechazó participar; mientras que “Quint” (Robert Shaw) había reventado con el tiburón en la primera cinta, toda vez que se encontraba en el sistema digestivo del animal. Otros personajes secundarios (la esposa de Brody, el alcalde) regresan para dar familiaridad y continuidad a la empresa.

Sin novela original, sin Spielberg, ni gran parte del elenco, el filme llegó recostado de su fama y del impacto que aún conservaba. La película mantenía algunos de sus elementos fuertes, como la música a cargo de John Williams, pero enfrentaba un mercado distinto, pues desde el estreno de “Jaws” tres años antes, las salas de cines se habían abastecido de producciones rápidas para quemar la fiebre de los tiburones (“Mako”, “Tintorera”) y hasta de otras amenazas marinas (“Orca”, “Piranha”).

Dicho todo esto: No había manera de replicar el impacto de la llegada de “Jaws”. El nombre era una bendición y una maldición: Por un lado te aseguraría atención en la taquilla, mientras que por otro, te obligaría a deslucir al compararse con una película perfecta.

El argumento: Una amenaza se esconde en las playas de “Amity”. Ya le ha costado la vida a dos buzos, y a una madre junto a su hija (en una recordada escena de esquiar en el agua). “Brody” sospecha que se trata de un tiburón blanco. Cuando un grupo de adolescentes –incluyendo los hijos de nuestro héroe– viajan en botes y veleros hasta una islita cercana, son atacados por el inmenso animal.

Aunque la premisa es prometedora y se presta para mucha tensión (lo cual logra), la película sufre al dedicar tanto tiempo y espacio a los adolescentes quienes, aunque muestran admirable valentía, como personajes no pasan de ser muchachos gritones. La curiosa química de los tres personajes desiguales que salen en cacería del tiburón en el primer filme, se encuentra ausente en este bonche de bellaquitos a la deriva.

Esto es parte de un patrón que comenzaba en esta época: los adolescentes como carnada para el monstruo, sea un asesino en con un puñal, o en este caso, un tiburón blanco. “Jaws 2” carece de la madurez de la primera cinta.

Esto no quiere decir que sea una película mala, y me sostengo en que es un buen filme, tal como lo recordaba. Hay muy buena tensión durante la segunda porción. La actuación de Roy Scheider (un actor que no es recordado con la altura que merece) es excelente, y su personaje está muy bien llevado, porque podemos sentir su dilema: No quiere pecar de paranoico, pero no va a volver a errar por optimista (en la cinta original, su motivación para cazar el tiburón –a pesar de odiar el agua– era expurgación por el remordimiento de abrir las playas, lo cual le costó la vida a un niño).

El impacto de “Jaws” lo ha confirmado el tiempo: Casi medio siglo después, nos siguen llegando películas de tiburones. Esta serie sufrió por las secuelas subsiguientes. La tercera cinta se desarrollaba en un parque acuático, y el filme era más un truco de boletería, pues se presentaba en tres dimensiones, una fiebre que resurgió en los 80. La cuarta cinta de la serie aparece con frecuencia en las listas de las peores películas de todos los tiempos. Ya nadie tomaba en serio el asunto: Le añadieron un rugido al tiburón (el editor de sonido encontró tan absurdo el capricho del director, que en lugar de crear un sonido original, lo sacó de un muñequito de “Tom y Jerry”).

“Jaws 2” se ha perdido entre la mala calidad de las cintas que le siguieron, y la sombra del clásico que le precedió. Pero estoy seguro de que si no hubiera existido la cinta original, muchos hubieran considerado este filme de manera muy distinta, y habrían reconocido el suspenso efectivo y la estupenda actuación del protagonista.

Lo cierto es que “Jaws” había dado buen cierre a su historia, y esta secuela (como las otras) se sentían innecesarias. Y lo son. A menos que baste pasar un rato entretenido, sin ninguna otra profundidad que no sea la del agua. Entonces “Jaws 2” es una propuesta efectiva.

Alexis Sebastián Méndez ©

Otro afiche memorable
Uno de los «lobby cards» del filme
«Brody», arriesgándolo todo, y de nuevo pidiendo a un tiburón que abra la boca bien grande…

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