Facebook es un amigo pendejo
Pues Facebook me castigó.
Por hacer un chiste.
O debo decir, por compartir un chiste.
Por supuesto, Facebook tiene el derecho de aceptar o rechazar cualquier expresión como le salga de los cojones virtuales. El problema es que pensemos que esto refleja el mundo, lo que la gente considera aceptable y que, en fin, un algoritmo chapucero puede determinar lo que es “ofensivo”.
Esto me recuerda a los amigos de la niñez. Hay muchas escalas de valor, pero como en todo, el problema está en los extremos.
Hay amigos que no tenían límites en su conducta hacia otros: No escatimaban en “malas” palabras, chistes inapropiados, y burlas hacia los demás. Parecía que detestaban la paz ajena, y sentían la obligación de asegurar su ausencia. Llegaban a lo que hoy llamamos “bullies”. Estos amigos eran “cabrones”, en el contexto negativo que suele recibir.
Otros amigos, estaban en el extremo opuesto. Todo les ofendía: Si se burlaron de su merienda, si hicieron un chiste contra su artista predilecto y, en muchos casos, alguien opinaba distinto. No se quedaban impasibles. Formaban una perreta, se victimizaban, y te choteaban con tu maestra o tu padre, para que fueras “castigado”. Estos amigos eran unos “pendejos”.
Facebook es un amigo pendejo.

***
Antes de seguir, hablemos un poco sobre esto: “Sentirse ofendido”.
Según la Real Academia Española, “ofender” significa:
1. Humillar o herir el amor propio o la dignidad de alguien, o ponerlo en evidencia con palabras o con hechos.
2. Ir en contra de lo que se tiene comúnmente por bueno, correcto o agradable. Ofender el olfato, el buen gusto, el sentido común.
3. Hacer daño a alguien físicamente, hiriéndolo o maltratándolo.
4. Sentirse humillado o herido en el amor propio o la dignidad.
Voy a tomarlas en desorden.
Puedo declarar con certeza que la tercera definición es negativa, y nadie debe ser agredido físicamente, pues hay daño real sin ambigüedad.
En cuanto la segunda, es muy general, pues se refiere a lo que no es agradable, como decir: “Las aceitunas son ofensivas al buen gusto”. De más está decir, que esto es subjetivo, lo cual nos aplica a las restantes dos definiciones, que son muy similares.
“Ofender” significa humillar. También se refiere a herir “el amor propio” y la “dignidad” de otra persona.
El truco es que, ¿quién determina lo que es humillante? ¿O lo que es “dignidad”? Hasta muy reciente, muchos consideraban “un insulto a la dignidad”, que a los homosexuales se les brindara alguna representación que no fuera para risa fácil. ¿Tenían razón estas personas en acusar a un homosexual de ser ofensivo? Claro que no. El problema no era la persona con el derecho a disfrutar su sexualidad según su libertad de vida, sino quien se sentía “insultado” porque alguien expresara serlo.
Esto es el mismo caso actual, pero invertido. Estamos poniendo la responsabilidad en quien usa su libertad -en este caso, de expresión-, y no en quien recurre a la postura de hacerse la víctima insultada, refugiándose en el escudo amplio e indefinido de “la dignidad”.
En cuanto dignidad:
Graviedad y decoro de las personas en la manera de comportarse.
¿Quién determinar lo que es “decoro” al comportarse?
Nadie. Esto varía por cultura, y por individuo.
Es un acto de arrogancia, exigir que los demás se expresen -y hasta opinen- como nosotros creemos correcto. Más que pretender controlar al resto del mundo (que, por ende, estarían tratando de controlarnos a nosotros), lo apropiado es que aprendamos a ser tolerantes a que los demás van a usar vocabulario distinto al nuestro, tienen sentido de humor diferente, y sus sensibilidades y opiniones son distintas.
Pero no. El mundo se ha vuelto en un hormiguero de manipuladores que declaran “ofensivo” lo que no les guste, y se supone que todos velemos a que nadie se moleste.
Es una actitud pendeja.
¿Les dije que Facebook era un amigo pendejo?

***
Pase juicio usted.
Aquí tienen mi primer comentario “ofensivo’ -de hace 10 meses-, según Facebook.
“Los hombres son más chismosos que las mujeres. Fin.”
Esto es mi opinión. Más que nada, trato de desmantelar un cliché dañino y que ha perdurado por mucho tiempo: A las mujeres le encanta el chisme. No digo que no sea cierto, pero la realidad es que a toda la humanidad le fascina el chisme. Y después de tantos años en el ambiente laboral, más viviendo en un país en que abundan “chismólogos” varones, concluyo que es un error pretender eximir a los hombres de esta conducta reprochable.
No tengo evidencia numérica de que los hombres sean más chismosos, pero es mi percepción. ¿Acaso no puedo compartirla y así debatirla?
Pues no. No debo compartirla, si acaso puede “ofender” a alguien.
Sospecho que el logaritmo funciona de esta manera: Ve una comparación entre hombres y mujeres, y declara ofensa.
El mundo se ha vuelto tan simple, que creemos que la manera de terminar las diferencias es ignorándolas.
Un momento: ¿No nos la pasamos celebrando la diversidad? ¿Acaso eso no reconoce las diferencias? ¿Qué pasa con el individualismo, y la libertad?
Aclaremos: Todos debemos ser iguales en derechos y oportunidades.
Pero: No somos iguales como personas.
Así es la cosa. No puedo indicar que los hombres son físicamente más fuertes que las mujeres (en promedio, ok) por razones biológicas. Presumo que tampoco debo decir que las mujeres son quienes nos traen al mundo porque, hey, estoy señalando una diferencia entre los géneros, y eso es “malo”.
Para reconocer que merecen el mismo trato justo en sociedad, resulta que tengo que negar las diferencias biológicas. Por eso vemos ahora, en las películas de acción, a mujeres de 100 libras patear a hombres de 300 y ponerlos a volar hasta el otro lado del salón. Supongo que había que corregir las leyes de la física, pues son tan sexistas como las leyes de biología.
No conozco elemento biológico que pueda determinar que la mujer o el hombre sea más o menos chismoso. Aquí entran las expectativas sociales, muchas formadas por estereotipos y, por supuesto, todo esto es debatible, y merece debatirse, pero no se puede si de pronto “es ofensivo”.
La gente pendeja es incapaz de evaluar el contexto de un comentario. Por esta razón, el algoritmo determina que cualquier comparación, entre hombres y mujeres, es “ofensivo”. Como buen amigo pendejo.

***
Soy un humorista profesional, pero me encantan los chistes malos. Si fuera corredor profesional de carros, en mi vida personal conduciría un Chevy Silverado.
Estos son algunos de los que he compartido en Facebook:
- -Mencione una colonia española del siglo XX…
-Nenuco.
- -Qué ironía lo que me pasó cuando me cayó la enciclopedia en la cabeza.
-¿Por qué dices?
-Porque perdí el conocimiento.
- -¿Y todos esos calvos gritando y escandalizando?
-Están haciendo un “calvoroto”.
Por esta razón, mi amigo Alberto Martínez-Márquez, genial profesor del recinto de Aguadilla, compartió el siguiente status:
“–¿Comemos Ramen hoy?
–¡Uy, no!
–¿Por qué lo dices así?
–Me da miedo que me dé un derRamen cerebral.
El chiste es mongo. Que se joda.
Alexis Sebastian Mendez , esto va en tu onda. Jajaja jajaja jajaja jajaja”
El amigo Alberto recibió una advertencia. Por mi parte, sin ver el error, hice un “copy-paste” de su status.
Entonces Facebook quiso darme una lección y me suspendió.
La única lección que aprendí: Facebook es pendejísimo.

***
¿Cuál pudo ser el insulto?
Lo único que se me ocurre, es la mención del “ramen”, que es un plato de fideos asociado con algunas culturas asiáticas.
En verano del año pasado, un borracho se metió en una tienda de ramen en Florida y comenzó a insultar a los asiáticos. Vale señalar que, en todo caso, aquí el insulto no es el ramen, sino Florida.
Una parte grande del problema es que Facebook te dice -en otras palabras- que fuiste ofensivo, pero no te explica cómo. Como el amigo pendejo, que se molesta por algo que dijiste, le preguntas qué fue, y no te quiere decir. Mejor te castiga y te deja de hablar por varios días.
Miren las repercusiones: Estoy concluyendo que el problema es la palabra “ramen”. Bueno, pues decido no usar más la palabra, porque a lo mejor piensan que estoy atacando la cultura asiática. Así que, nada de recomendar un restaurante donde haya comido buen ramen. Espera, lo mismo me puede pasar con otras culturas. Mejor no menciono nada asociado a ellas.
¿En serio esa es la manera de lograr “inclusión”? ¿Qué seamos tan “ofendibles” que ya no queremos ni mencionar a otros géneros o nacionalidad?
***
Facebook es una aplicación, o una página de internet, o una red social, como usted quiera definirlo. Su censura no debiera tener importancia. Sigo siendo libre de pensar como quiero y deseo.
El problema es la tendencia de la sociedad a considerar las redes como un filtro de lo que es aceptable. Conocemos personas que no distinguen entre su vida privada y la pública, que miden su aceptación por “Likes”, y quienes entienden que “lo que está viral” es lo que importa. Muchas de estas personas entonces se harán eco de estas conductas: Comparar es malo, las diferencias son malas, el ramen es malo.
Las diferencias no son malas. La diferencia es igual a individualismo, y el individualismo es libertad. Estoy claro: Nada es absoluto, y ser individual no nos enajena de ser parte de una sociedad, y tener libertad de expresión no debe permitirnos difamar. Comencé con eso, con el mal de los extremos. Pero por dejar de ser una sociedad de “cabrones”, nos estamos convirtiendo en una sociedad de “pendejos”.
Aceptar las diferencias es la mejor manera de integrarnos. Usemos el racismo. Si un blanco comparte con un negro, va a corroborar que muchos de los estereotipos son falsos. El blanco y el negro van a descubrir que ambos son inteligentes, que se enamoran, que les encanta reír. Pero si el blanco decide evitar la unión, por temor a que use una palabra inadecuada, o un comentario fuera de lugar, y que lo acaben acusando de insensible y racista (porque “racista”, “homofóbico” y “machista” son algunos de los insultos que parecen ser aceptables, aunque se usen indiscriminadamente), va a decidir “evitarse el problema”, y nadie va a aprender.
Debemos remover las verdaderas barreras: el ambiente de agresión ficticia creado por quienes consideran que es una virtud encontrar ofensa en cada palabra, en cada opinión, o cada reconocimiento de que somos diferentes: bien sea por género, afiliación política, preferencia sexual, creencia religiosa, color de piel, lugar de nacimiento.
Aprendamos a aceptar; o más bien, aceptemos todo excepto los extremos; tales como a los cabrones… y a los pendejos, como Facebook.
Alexis Sebastián Méndez ©
Somos una Sociedad de Changitos! Hay que decirlo y lo repito Una sociedad de CHANGITOS! Que mal nos va! 🥴🤢🤮
Me gustaMe gusta