Releyendo mi pasado
Libro: #13/48 (2026)
Título: Misterio de la mina de oro abandonada
Autor: Pierre Lamblin
Publicación: 1976
En resumen: El reportero francés “Santi Roger” y su amigo “René” visitan a unas amistades en un pueblo remoto, cuando alguien trata de embestirles con un auto. ¿Por qué tratan de hacerle? Nuestro héroe usa sus talentos de investigador para resolver el misterio.

¿Por qué leí este libro?: Cuando era niño y mi padre visitaba el Citibank localizado en Plaza Las Américas, me llevaba y me permitía esperar en la librería Thekes que quedaba justo al lado. Allí me dejaba escoger un libro. Hasta mi último día estaré agradecido por fomentarme el amor a la lectura.
Fue así que comencé a leer una serie de novelas detectivescas orientadas a los jóvenes, con el título de “Los reportajes de Santi Roger”. En un ataque de nostalgia, buscaba los libros sin éxito (hace poco descubrí que estas novelas francesas no tuvieron mucho alcance, y que cuando fueron traducidas al español, se le cambió el nombre al protagonista, que originalmente era “Jacques Rogy”. Jamás lo iba a encontrar en los “search”. Presumo que quien le puso ese nombre al español a finales de los 60, se inspiró en la exitosa serie “El Santo”, protagonizada por Roger Moore, pero no puedo comprobarlo).
Lo bueno de tener gente que te ame, es que se ocupan de conseguirte una copia usada, aunque tenga que llegar de Europa. Así terminé volviendo a leer uno de estos libros que tanto disfruté en mi niñez.
El contenido: El reportero “Santi Roger” encara un nuevo misterio que no resulta muy interesante. Hay una escena en una cueva para justificar el título, aunque no aportaba mucho a la trama.
¿Es bueno el libro?: Leía estos libros teniendo quizás 11 años, y mi gusto ha tenido más de 40 años de cambios. Aunque disfruté la nostalgia, me ocurrió lo mismo que pasa cuando revisitamos películas, programas y libros que nos encantaba en la niñez: No son lo que recordamos.
Ciertamente, el factor de novedad en la vida nos permite disfrutar muchas cosas en esos primeros años. Eso no significa que no la pasara bien leyendo el libro, solo que me divertí de manera diferente, maravillado por el contraste en las eras. Por ejemplo, los personajes se la pasan fumando, prendiendo cigarrillos, volviendo a fumar, con tanta frecuencia que me sorprende que el libro no se prendiera en fuego. No puedo imaginar una novela juvenil en actualidad con tanto humo.
Puedo también identificar porque los disfrutaba: son novelas que van al grano, y si se desvía (como el caso de la cueva) es para ofrecer alguna escena de acción. Nadie muere, eso lo recordaba, porque siempre me quedaba con ganas de un poquito más de carga, como las encontraba en las novelas de Agatha Christie (que, contrario a estas, eran dirigidas a adultos).
Pero más que nada, disfruté recordando cuando mi padre, terminada la gestión, me buscaba en la librería y me preguntaba si había escogido un título. Otra cosa que extraño de la niñez.
Alexis Sebastián Méndez ©
9 de mayo de 2026